jueves, 30 de enero de 2014

Celebrando el Día de la Paz en nuestro año centenario

María Maroto y un grupo de alumnos
interpretando en lenguaje de signos 'Los niños quieren la paz'

Hoy no ha sido un día cualquiera en el Colegio Pedro Poveda; hemos celebrado el Día de la Paz en este año conmemorativo de nuestro centenario. La 'mansedumbre' que decía Pedro Poveda se ha hecho realidad en las aulas y en el patio del Colegio. Los niños pequeños de Infantil en brazos de sus compañeros mayores, el minuto de silencio roto por la lectura del manifesto por la paz, el despliegue de frases y carteles conmemorativos, las caras felices y de sorpresa, la lectura de poesías y como colofón una genial interpretación, en lenguaje de signos, de la canción 'Los niños queremos la paz'.

Hoy ha sido un gran día. Muchas gracias a Antonio García, nuestro profe de reli, a María Maroto, nuestra intérprete de signos y a todos los que han hecho posible que este día no haya sido un día cualquiera en nuestro Colegio.

Desde 1964 se celebra el 30 de enero el Día Escolar de la No Violencia y la Paz. El Colegio Pedro Poveda de Jaén, en este año conmemorativo de su primer Centenario y enmarcado en su Semana de la Solidaridad, se ha unido una vez más a esta iniciativa realizando actividades encaminadas a tomar conciencia de la necesidad de ser cada día más tolerantes, reivindicando el enriquecimiento de la diversidad, promoviendo la tolerancia y, desde sus raíces povedanas, promover la paz universal que nace de la fe en Jesús de Nazaret.

En este día, recordamos la necesidad de una educación para la tolerancia, la solidaridad, el respeto de los Derechos Humanos, la no violencia y en definitiva la paz, con el lema: 'El amor es mejor que la violencia y la paz es mejor que la guerra'.

Durante la mañana de ayer, alumnado, profesorado y otros miembros de la comunidad educativa del Colegio ha reflexionado en las clases sobre la necesidad de la paz en este mundo que nos ha tocado vivir.

Todos, en el patio, celebrando el Día de la Paz
A mediodía, en el patio del Colegio, los alumnos mayores acompañando a los más pequeños, se guardó un minuto de silencio. A continuación se leyó un manifiesto por la paz, se desplegaron y exhibieron carteles conmemorativos y se leyeron poesías.

Finalmente, todo el alumnado, cantó al unísono: ' Los niños queremos la paz'. Hay que añadir, que este año, como gesto solidario , de aceptación de la diversidad y con la ayuda de María Maroto, un numeroso grupo de alumnos interpretó el tema en el lenguaje de signos.

Más información en El blog de Reli, de Antonio García

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martes, 28 de enero de 2014

Mis profesoras me ayudaron a ser persona y me entrañaron con la Institución

María Ángeles Malo Carriazo

He trabajado en el Colegio alrededor de 20 años. Me jubilé en 1992. Además de otras materias, sobre todo, he sido siempre profesora de Lengua en EGB, 7º y 8º. Así es como más me conocen mis antiguo/as alumnos/as que me siguen recordando y aunque esté feo decirlo, agradeciendo.

Fui alumna del Colegio, interna durante mis 7 años de bachillerato, en aquel plan antiguo que terminaba con el famoso Examen de Estado. Ahí están las raíces de lo que he sido después. ¡Qué profesoras tuve!: Magníficas educadoras, profesoras, mujeres, teresianas. Me ayudaron a ser persona, me entrañaron con la Institución. Tuve también la suerte de conocer a Josefa Segovia y hablar con ella, incluso escucharla, ya que cuando venía a Jaén, siempre nos reunía a las alumnas.

De mi etapa de profesora como he dicho antes, lo que más destaco es mi relación con los alumnos. Me aceptaban como era, es decir, exigente. Ellos/as sabían, como les decía yo misma: “Para mí es una cuestión de conciencia procurar sacar lo mejor de vosotros, y también para vuestros padres”. El resultado es que, aunque la asignatura podría ser árida, sacábamos otros filones más divertidos y formativos: teatros, declamaciones, juegos… Otra cosa muy positiva ha sido el trato, relación y cariño con mis compañeros de profesión. ¡Qué buenos ratos compartidos  y cuánta ayuda en los momentos más difíciles!

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Lo que se lleva en el corazón, nunca se olvida

Mª Aurora de Torres Segovia

Mi relación con el Colegio transcurre en dos etapas de mi vida muy diferentes: Mi infancia y adolescencia. Otra posterior en que fui profesora de Enseñanza Primaria desde el año 1972 hasta el 1996, en que me jubilé.

Las dos etapas han sido muy importantes. Reconozco que la primera, fue la más decisiva, por coincidir con los años en que despertamos a la vida y estamos muy receptivos a lo que recibimos, vamos formando la personalidad que seremos después. De ahí que recuerde con gratitud los nombres y apellidos de muchas de mis profesoras, mi relación con ellas, sus correcciones, su cariño, su ayuda…

Infancia feliz, en que me formé humana y religiosamente. Un recuerdo especial fue la visita de María Josefa Segovia el año 1948. Soy su sobrina, hija de su hermana pequeña. Recuerdo especialmente de aquella estancia, que en el mismo Colegio, nos regaló a cada miembro de mi familia un cascabel para que no perdiéramos nunca la alegría.

Como profesora, lo que recuerdo con más satisfacción es el cariño de los niños, el que dí y el que recibí. Posiblemente les enseñé todo lo que supe y pude. Ahora lo más gratificante es el reencuentro con mis antiguos/as alumnos/as, esporádicamente, por la calle. Lo más gratificante es que ellos se admiran de que no he olvidado sus nombres y apellidos, como si el tiempo no hubiera pasado, aunque al mirarnos, vemos sus huellas sin perder la sonrisa. Porque mi respuesta es siempre la misma: “Lo que se lleva en el corazón, nunca se olvida”.

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Tres historias... y Pedro Poveda ahí de fondo

Encarnita, en el centro
acompañada de María Ángeles Malo a la izquierda y
María Aurora de Torres a la derecha
Encarnita Molina Medina

Mi estancia en el Colegio está ligada a tres situaciones, tres historias, tres tramos significativos en mi vida.
Primera etapa: Fui alumna interna del Colegio Pedro Poveda cuando era adolescente, en Colegio estudié 5º y 6º de bachillerato superior. Procedía del Grupo Escolar Pedro Poveda de Linares: Señalar, abreviando, que este Colegio de Jaén me aportó, entre otras cosas, y muy significativas, el amor a la Virgen, bajo la advocación tan querida y arraigada: La Niña María. Ciertamente no era una “devoción a bobas“, que diría Santa Teresa. Ante la imagen de la Virgen Niña desfilábamos con nuestros apurillos, alegrías y nuestros compromisos de grupo-clase, cuando había que modificar comportamientos.
2ª Etapa: Me sitúo en la fase del ejercicio profesional. Etapa de mi juventud y madurez. Primero asumí la dirección del Centro, por 6 años. Ya no recibía una pedagogía, un estilo, un talante, como cuando era una niña, sino que me tocaba generarlo con otros, con todos los profesores y el personal no docente: “la pedagogía del amor”, que diría Pedro Poveda. En la experiencia positiva, una mención especial para los padres de familia a los que tocó, vía Consejo Escolar y APA, sacar adelante, con la Institución Teresiana y todos los profesores este Colegio, a instancias oficiales. Año 1985, momento interesante y difícil, por el cambio legislativo. Acababa de aparecer la LODE: (Ley Orgánica de Educación) Muchos retos en reovación, en experiencias de innovación pedagógica, de introducción de la informática… sin todo lo cual no habría sido viable mantener el Concierto Pleno. La LOGSE (Ley Orgánica General del Sistema educativo), salió en 1990. De nuevo la puesta a punto, el trabajo en equipo… para mí corto, solo un año.
3ª momento: Y como la vida sigue, después de un paréntesis de 8 años, de nuevo al Colegio, ahora ya, como profesora de Secundaria, durante otros 8 años, hasta mi jubilación en el año 2006. Se me amontonan en la mente mis experiencias positivas. Me quedo con dos: Los alumnos/as, el mejor regalo, consciente de que los educadores acompañamos el crecimiento personal de los chicos. También mis compañeros de trabajo, todos, pero especialmente los de la Etapa de Secundaria: trabajo en equipo, ayuda, empeño en las experiencias educativas…Y Pedro Poveda, ahí de fondo: “Aquí todos pueden colaborar”…; “No hace falta ser rico para dar, basta ser bueno”…”Dadme una vocación y os devolveré una escuela, un método y una pedagogía”.


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Mi mejor y mayor recuerdo han sido los niños y sus familias

Mª Dolores Molina Medina

Mi relación con el Colegio ha sido, como se suele decir durante “toda una vida”. Llegué en 1964 y he permanecido hasta 1997, año de mi jubilación. Siempre ha sido para mí, mi casa y mi familia.

De ahí que las tareas que he desempeñado han sido muy variadas. En los primeros años, por ejemplo, colaboré en la Administración. Enseguida pasé a ser profesora

He sido profesora de Educación Infantil y primer ciclo de Primaria. Al principio y durante bastante tiempo, cuando se introdujeron, los métodos activos, la enseñanza personalizada, en la década de los años 70, trabajamos en ello con mucho empeño. Siempre pensando en una educación actualizada y de calidad. Además del trabajo de las clases en el curso, recuerdo los cursos y seminarios de reciclaje del profesorado, en las vacaciones del verano, año tras año. ¡Atravesamos España de punta a punta! Y luego, en el día a día, intercambiábamos los profesores materiales, ideas, experiencias, nos ayudábamos, y también, aprendíamos unos de otros. Los/as alumnos/as entraron en esta nueva corriente con mucha facilidad y gusto. Esto nos gratificaba mucho y no nos costaban los esfuerzos. Pero más que los métodos, mi mejor y mayor recuerdo han sido los niños, las familias: mi relación con ellos, el verlos crecer y contentos en el Colegio.

No he sido antigua alumna de la Institución, pero de siempre me ha gustado ver la relación de los profesores con los/as alumnos/as. El respeto y el cariño han sido una constante que he aprendido de la pedagogía de Pedro Poveda. En la medida que he podido, creo que lo he practicado. Me he sentido feliz con mis alumnos/as. Ha valido la pena. Disfruto al encontrarlos de nuevo, ya son hombres y mujeres, pero seguimos unidos por unos lazos que no se han roto, a pesar del tiempo.

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Ser persona paciente y darles mucho cariño


Luisa Hurtado Rus

En Málaga estuve trabajando durante 17 años, con niños de 1º, y 2º Ciclo de Primaria y desde ahí vine a Jaén en 1983. Aquí empecé a trabajar en Educación Infantil con niños de 4 y 5 años hasta que me jubilé.

Este cambio de edades de los niños, aunque sabía sería más difícil, lo asumí, y poniendo ganas e ilusión, todo salió bien, contando con la ayuda de Dios.

Para trabajar con niños pequeños hay que ser personas pacientes y darles mucho cariño y ternura. Al mismo tiempo que exigentes, en el trabajo y en todas las actividades básicas de aprendizaje, sabiendo que en mi trabajo además de enseñar, tenía que ayudarles a poner los cimientos para llegar a ser buenas personas.

Para mí fueron unos años muy buenos, porque terminé mi etapa laboral sabiéndome querida por los niños, familias y compañeros de trabajo, especialmente con Pilar Bago, mi paralela. Nos hemos ayudado y querido mucho y hemos estado unidas en todo.

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domingo, 26 de enero de 2014

Las andanzas de Pedrito en Los Ángeles (Alicante)

Las andanzas de Pedrito en El Armelar (Valencia)

Las andanzas de Pedrito en el Colegio José Arnauda Alcoy (Alicante)

Un sueño que cumple cien años, por Ana María Quirós

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JAÉN, España.
La presencia de la Institución Teresiana en Jaén ya tiene raíces centenarias. Junto diversas iniciativas de la ciudad, el colegio que lleva el nombre de Pedro Poveda participa con sus actividades y proyecto educativo. Ana Mª Quirós del Valle, directora pedagógica, explica cómo están viviendo este especial aniversario. Han creado un blog para compartir experiencias.

“Embajador de sueños, Pedro viajero”

En el colegio Pedro Poveda de Jaén seguimos caminando en este curso (2013-2014) del primer centenario de la Institución Teresiana en Jaén, haciendo realidad el sueño de Pedro Poveda.
A lo largo de estos meses (desde septiembre) lo hemos ido haciendo desde el trabajo cotidiano, y la vida de cada día. También hemos tenido momentos para celebrar la vida que se vamos compartiendo.
El día 10  Octubre pasado, los alumnos y alumnas, profesores y personal del Centro celebramos el aniversario del nacimiento de Josefa Segovia, “primera directora de la Academia de Santa Teresa” de la cual somos herederos. Ese día recibimos a “nuestro embajador de sueños, Pedro viajero” que está yendo por los diecinueve centros de la Institución Teresiana de España, compartiendo nuestros sueños y acogiendo los de cada uno de ellos.
Nuestro embajador, Pedro viajero, ya está en marcha. Llegó a la casa de Santa María de los Negrales, donde inició su recorrido, que le ha llevado en primer lugar al colegio José Arnauda de Alcoy (Alicante). De ahí partió para  los colegios de Santa Teresa y Nuestra Señora de los Ángeles en Alicante, su recorrido lo está llevando a los colegios El Armelar (Valencia), Victoria Díez (Teruel), Santa Teresa (León) , Santa Mª la Nueva y San José Artesano (Burgos) ...
Por los distintos colegios por los que va pasando, Pedro comparte los sueños que cada uno ha ido poniendo en su mochila. Unos sueños compartidos por las distintas comunidades educativas, nos hacen constatar que "el sueño de Pedro Poveda" se va haciendo realidad, en zonas diversas y con muchos rostros que le dan vida.
Por su parte el claustro de profesores de nuestro Centro quiere que este Centenario sea una oportunidad para profundizar en los rasgos de identidad de los Centros de la Institución Teresiana, “con la cabeza y el corazón en el momento presente” (P Poveda)
Queremos seguir haciendo realidad este sueño en nuestro aquí y nuestro ahora, para ello estamos reflexionando sobre como hacer vida en nuestro presente los “Avisos Espirituales” que escribió Pedro Poveda (1912) para las profesoras y alumnas de la primera academia teresiana. Queremos "poner a Dios en el corazón" y "ser personas eminentemente humanas y todas de Dios".
Estamos viviendo con mucha ilusión esta oportunidad, tenemos muchos sueños y algunos se van haciendo realidad, fiados en la Providencia, al estilo de Pedro Poveda.
Ana Mª Quirós del Valle
Directora Pedagógica del colegio Pedro Poveda

Artículo de Ana María Quirós publicado en la Web de la Institución Teresiana


sábado, 25 de enero de 2014

LOS NIÑOS QUIEREN LA PAZ

 LOS NIÑOS QUIEREN LA PAZ

Pedro Poveda fue un hombre de paz y nos demostró que la paz reside en el interior de cada uno de nosotros y hay que buscarla en nuestro entorno. Si pincháis en el título podréis acceder a la canción que todos juntos vamos a cantar en el patio de nuestro cole el día 30 de enero. Gracias a la mami que nos enseña que la paz, la diversidad y el amor deben reinar entre las paredes de nuestro centenario cole.
Paz a todos y a todas

Aquellas pizarras y encerados, cien años después

Imagen diseñada por Julio Cruz, creador del blog El desván de Julio

Julio Cruz (padre de alumnos del Colegio) nos ha enviado esta ilustración que muestra aquellas pizarras de antaño con el dibujo a tiza de Pedro Poveda. 

Muchas gracias, Julio, por tu aportación.

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domingo, 19 de enero de 2014

Sigo unida a vosotros

Lina Piñar

Queridos amigos y amigas del Pedro Poveda de Jaén:

¡Muchas Felicidades! Habéis llegado a los cien años de vida. Y yo me siento celebrando este Centenario como parte de la historia de ese querido colegio.

Llegué a él por primera vez, a los diez años, asustada ante el cambio y con mil temores ante lo desconocido… Todo era nuevo para mí, pero tengo que reconocer que me sentí a gusto casi desde el principio. Pronto pasó a ser mi segunda casa. Fue un periodo importante en mi vida y me marcó para continuar el camino.

Después: estudios, comienzo de la profesión, apertura a lo nuevo… y vuelta al colegio (mi colegio). Allí comencé una etapa como educadora, aprendiendo mucho, junto a compañeros y compañeras que me animaban e impulsaban cada día. Recuerdo con gratitud la relación de compañerismo y amistad con los que trabajé y con las familias que me animaron en la tarea.

Foto del claustro del Poveda año?

Poveda ha marcado mis pasos, y Josefa Segovia ha sido, y sigue siendo, compañera de camino.

Mi vida está hecha de recuerdos que me ayudan a mirar con gratitud el pasado, a reforzar el compromiso con el presente y a mirar el futuro con esperanza.

Lina Piñar con profesorado del Colegio

Algunos de los recuerdos en el Colegio, que acojo agradecida:

La alegría de los niños al entrar al colegio, el olor a jazmines…
Las clases de pequeños y mayores, llenas de vida y ganas de aprender, mis alumnos y alumnas, de los que aprendí y aprendo cada día. Ellos dan sentido a lo que hago y mantienen mi esperanza
Las fiestas y celebraciones, preparadas con mimo y empeño por parte de todos…
El túnel, la campana, la fuente… la puerta
La actitud acogedora de cada persona, el encuentro con profesores para aprender juntos, la superación de conflictos desde el cariño…
El encuentro con antiguos alumnos y alumnas y padres y madres queridos para mí.
Las visitas a la Capilla y al “museo” para aprender de la Fuente y contar con la fuerza de la palabra siempre nueva de Poveda…
Tantas personas y hechos que han ido entretejiendo mi historia.


Lina Piñar con Carmen Velasco y Encarnita Molina
Sigo unida a vosotros, compartiendo la ilusión y el empeño en la tarea de cada día. Ojalá la idea buena de Pedro Poveda marque siempre este camino compartido.

Celebro los cien años con vosotros con el corazón agradecido a cada compañero, cada familia y sobre todo a cada alumno y alumna, don y tarea en mi vida.


Gracias


Lina Piñar. Enero, 2014. Santander





Pedro Viajero continúa su viaje...

"Pedro Viajero" ha pasado este fin de semana en Santa María de los Negrales. Comenzó su recorrido por los colegios de Alicante, Alcoy, Valencia, Teruel... ¡y ya va camino de León y Burgos!
¡Buen viaje!

Ver mapa más grande

jueves, 16 de enero de 2014

Terrazas sucesivas de un palacio de cuento

Mª Dolores Fernández Benítez

Estuve en el Colegio entre los años 68 y 78, así que no me resulta fácil bucear en el pozo oscuro de la memoria para rescatar los recuerdos de aquellos años, ni mucho menos distinguir lo visto o lo vivido de lo imaginado o simplemente soñado.

Mis recuerdos del Colegio pasan por una arquitectura de patios imposibles, encadenados unos a otros por tramos desiguales de escaleras, como terrazas sucesivas de un palacio de cuento. Creo recordar (pero no estoy segura) que en la planta de la entrada principal (¿o quizá estaba algo más bajo?) había un patio pequeño, cuadrado, con muchas plantas. En él tengo fotos de mi Primera Comunión, en un día más triste que alegre, de ropas negras y caras taciturnas debido a la muerte reciente de una tía materna muy querida, que me dejó como regalo póstumo un bolígrafo con mi nombre grabado. Desde ese patio, creo, se accedía por la derecha a un torreoncito con arcos y quizá, por la izquierda, a un túnel con escaleras, pero esto es algo que se desdibuja entre la nebulosa de mis recuerdos y no sé si realmente se ajusta a los patrones estrictos de la realidad.

Lo que sí recuerdo con más viveza es la salida al recreo, bajando primero por el túnel de escaleras, que desembocaba en un patio alargado, en cuyos arriates florecían multitud de rosales. Desde ese patio se bajaba un largo trecho de escaleras con barandilla de hierro, y se llegaba así al patio que llamábamos, por razones obvias, “el patio de las palmeras”, que era perfecto para jugar: en él había columpios, un tobogán, un “laberinto” para trepar… El patio de las palmeras estaba siempre verde, olía al frescor de la hiedra que lo circundaba por algunas partes y, en primavera, se confundían en él los aromas de las rosas, los jazmines y las celindas. Finalmente, bajando cinco o seis escalones, se accedía al patio más bajo, casi al nivel de la calle Fuente de Don Diego, en la que viví hasta cumplir los siete años. En ese patio, además de las aulas de las más pequeñas, estaba la pista de baloncesto, y creo recordar que tenía un poyete perimetral en el que nos sentábamos. Allí era donde dábamos las clases de Educación Física. Recuerdo también el gimnasio y el cuartito lateral en el que se guardaban el potro, el plinto y demás artilugios utilizados en las clases.

Perviven aún en mi memoria la bellísima cancela de la entrada y la escalera que desde la entrada conducía a la planta superior, con las baldosas blancas y negras, como creo recordar que eran las de la planta baja y las de la superior, en cuyo corredor había unas ventanas (¿o balcones?) que daban a los patios. Y cómo olvidar la campana que había en el recodo de la escalera, y que se veía (o quizá no) desde la planta baja. Precisamente en esa escalera nos hicieron fotos el día de la Comunión. De forma confusa recuerdo el laboratorio (aunque no su ubicación), en el que el esqueleto Pepito pasaba las horas aburridísimo hasta que nosotras inundábamos su silencio de muerte con nuestras risas y nuestro parloteo.

Me parece estar viendo el gran salón de actos, pero no sabría decir en qué parte del Colegio estaba. Y, si no me engaña la memoria, en la planta baja, a la derecha, había un cuartito en el que una estatua policromada de Santa Teresa de tamaño natural aparecía sentada ante una mesa en ademán de escribir… Era un cuarto misterioso para nosotras, al que nunca nos atrevíamos a entrar solas, o al menos esa es la sensación que tengo al evocarlo. También recuerdo en la planta baja un patio (¿techado?) con macetas y una pila de piedra adosada a la pared.

En cuanto a las cuestiones académicas y pedagógicas, debo decir que el Colegio era bastante moderno y avanzado, dada la época oscura en la que nos tocó vivir nuestros primeros años. Las alumnas no estábamos colocadas en clase según nuestro rendimiento escolar (como ocurría en muchos colegios de entonces), ni existía ningún “cuadro de honor”, ni hacíamos filas para entrar a las aulas o salir de ellas, ni mucho menos se aplicaba la ruinosa pedagogía de “la letra, con sangre entra”. En todas las clases había una delegada y una subdelegada, elegidas por votación, con lo que se nos educó en la democracia sin decírnoslo y en el respeto, la igualdad y la tolerancia. Todo lo que acabo de enumerar nos parece hoy normal y de sentido común, pero entonces era más bien una excepción, y desde aquí quiero expresar mi más sincero agradecimiento.

No han caído en el olvido los rostros de mis profesoras, a las que guardo especial cariño: Mª Carmen Gómez, siempre bondadosa y dulce; Carmen Muñoz, agradable y comprensiva; “Nani”, nuestra queridísima profesora de Francés, que nos acompañó desde los cuatro años y nos dio un nivel casi de COU cuando terminamos 8º; Aurora Coves, de Educación Física, toda vitalidad y entusiasmo; Amparo Senovilla, con su peculiar sentido del humor; Encarnita, Juana Maestre, Amparo San Millán, Merche, Pilar Palazón…

Igualmente recuerdo los rostros, los nombres y hasta los apellidos de muchas de mis compañeras, a la mayoría de las cuales no he vuelto a ver: Yolanda Aguilar Rosell, Alicia Balsas Almazán, Rocío Barahona Aragüés, Mª Carmen Anguita Luque, Inmaculada Llavero ¿García?, Inmaculada López Hidalgo, Ana Blanca Calero, “Nani” (una niña con un talento incomparable para el dibujo), Rosa Garrido Porras y Rosa Garrido Cancio, que eran primas; Celia Espantaleón Gómez, Mª Ángeles Cañas Palop, Puri Aparicio, Alicia López Amador, Mª Carmen Carrascosa López, Juanita Collado, que jugaba muy bien al baloncesto a pesar de ser bajita; Rosa Mª de Dios Martínez, a la que recuerdo llorando de risa por cualquier cosa; Ana Fernández Aguilera, mi prima, con la que también compartí aula en el Instituto en 1º de BUP… Mención especial merece Rocío González Marchal, que estaba en el grupo B (yo siempre estuve en el A), con la que coincidí en el Instituto y más tarde en la Facultad, y que murió intempestivamente, sin que nadie lo esperara, a los veinticinco años recién cumplidos, dejándonos a familiares y amigos en el mayor de los desconsuelos. Han pasado casi veinticinco años de aquello, y todavía me acuerdo de ella, de su simpatía y su bondad.

Otros recuerdos que deambulan inconexos por los vericuetos de la memoria son el olor a rosas, a celindas y a lilas en el mes de mayo, cuando hacíamos las célebres ofrendas de flores a la Virgen (en la planta de arriba, a la derecha, creo); los pupitres de madera cuya tapa se levantaba para guardar los libros en el interior; una clase de Francés, cuando aún éramos muy pequeñas (no sabíamos leer), en la que estábamos todas sentadas en círculo, y la profesora iba mostrando unas estampas con imágenes para que nosotras fuéramos diciendo los nombres en francés; los cambios de clase (y los recreos) en 4º, 5º o 6º, en los que jugábamos a los cromos (¿recordáis aquellos cromos tan bonitos, que vendían unidos y agrupados por temas: flores, pájaros, etc.?), en partidas en las que podíamos aumentar o disminuir nuestra colección (los poníamos boca abajo en la mesa y dábamos una palmada sobre ellos; ganábamos los que quedaban boca arriba); las excursiones, en las que nunca faltaban ni las guitarras ni nuestras ganas de cantar hasta quedar roncas…

Por último, recuerdo como algo especial el recorrido de mi casa al Colegio y viceversa, mañana y tarde, en esa época en que los niños íbamos andando al colegio y además solos (quiero decir sin adultos; yo iba los primeros años con mis vecinas y desde 5º o 6º con mis primas), y el camino era divertidísimo, íbamos charlando y riendo. Por el Pósito o por la Carrera nos topábamos a veces con el pobre Piturda (¿lo recordáis?), siempre acompañado de seis o siete perros, que llevaba amarrados con cuerdas a su carrito de cartonero. Y si llovía y el viento volvía nuestros paraguas, o para cruzar debíamos meternos en un charco, aún teníamos más motivos para reír y ser felices, porque entonces la vida era un espacio protegido, una explosión incontrolable de felicidad por las cosas más nimias, y porque el futuro era aún un voluminoso cuaderno en blanco en el que estábamos empezando a escribir y que pensábamos que nunca se nos acabaría.

Mª Dolores Fernández Benítez


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miércoles, 15 de enero de 2014

SEMANA DE LA SOLIDARIDAD

Este año vamos a centrarnos en la Semana de la Solidaridad en Bolivia, ya que hasta allí se hace realidad el sueño de Pedro Poveda. Os dejamos este vídeo que nos habla de los proyectos de la IT en ese país y saludamos al Colegio Pedro Poveda de la Paz.

viernes, 10 de enero de 2014

Vocación compartida

Paqui Marañón

Recordar mis comienzos en esta casa, hace ya diecinueve años, supone siempre una sonrisa y un brillo especial en los ojos.
Entrar por la puerta para mi entrevista de trabajo fue como volver a casa (había sido alumna del colegio Padre Poveda de Linares y miembro del movimiento ACIT Joven). Me recibió Lina Piñar, y a medida que conversábamos supe que este era mi sitio, que aquí quería quedarme. La cosa salió bien, duro comienzo por mi inexperiencia pero de esa adaptación sólo recuerdo cariño y paciencia, caras amables, mucha buena voluntad y mucho esfuerzo por innovar e incorporar las novedades educativas de comienzos de los 90: puesta en marcha del aula de apoyo, jornada continua, concierto pleno, LOGSE…
Con el tiempo esto se ha convertido en mucho más que un trabajo. Mis hijos han crecido entre estas paredes y para ellos, mi marido y para mí, el colegio ha supuesto entrega y compromiso; la posibilidad de conocer a los que hoy son nuestros mejores amigos, el escenario de nuestro crecimiento personal y como familia.

Vocación y servicio, siempre con la satisfacción del deber cumplido, con la alegría de encontrar el sentido, de sentir la grandeza de lo pequeño, de disfrutar de la cotidianeidad, sintiéndome parte de este equipo educativo –ya con caras nuevas- empeñado en hacer de la educación-evangelización la verdadera apuesta para un mundo más justo y solidario.

Me sigo emocionando como antes, con las miradas soñadoras de nuestro alumnado, ante los pequeños logros de quienes lo tienen más difícil, ante los éxitos de quienes “van solos”, ante la generosidad y creatividad de nuestros jóvenes, la iniciativa y la dedicación de nuestro profesorado...; saboreando que mis hijos ahora participen en ACIT, descubriendo en ellos esos rasgos de la escuela povedana que entre todos intentamos hacer realidad. Me desborda la confianza de las familias que depositan en nosotros “lo mejor de sus casas” y el largo camino ya recorrido buscando el encuentro, el cariño y la colaboración.
Y aquí me tenéis, con renovada ilusión y una enorme alegría por el sueño que juntos estamos viviendo, codo con codo, compañeros/as, alumnos/as, padres y madres… con la certeza de que Pedro Poveda hoy nos sigue sonriendo.

Un abrazo grande
Paqui Marañón

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El primer Sagrario de la IT en Jaén

Primer Sagrario de la Institución Teresiana (1914)

El primer Sagrario de la IT data del 15 de octubre de 1914. Es de madera y fue encargado en Madrid para ser colocado en un nuevo retablo que se había dispuesto en la Capilla de la Academia que en aquel año se hallaba en la Calle Juan Izquierdo, 8 (actualmente Calle Josefa Segovia). Este primer Sagrario actualmente se conserva en la zona del Museo del Colegio de Jaén.

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miércoles, 8 de enero de 2014

Proyecto Rajab: acogida y encuentro con nuestros hermanos inmigrantes

La Propuesta de Poveda tiene su raíz en la propuesta de Jesús de Nazaret: Asumir desde dentro la realidad humana, para potenciarla en su plenitud.


Poveda comenzó a hacer realidad esta propuesta en el barrio de las cuevas de Guadix y actualmente el Proyecto Rajab de la Institución Teresiana, junto a otros Proyectos que esta lleva acabo, quiere ser también una respuesta a los desafíos del momento presente.

El Colegio Pedro Poveda de Jaén abre sus puertas para las actividades de este Proyecto, los miércoles y jueves por la tarde después de la jornada escolar.

El Proyecto Rajab tiene como objetivo la acogida y encuentro con nuestros hermanos/as inmigrantes, inspirado en la Propuesta de Poveda.
Desde aquí pretendemos colaborar en su proceso de integración y arraigo ofreciéndoles un espacio abierto, acogedor y esperanzado que facilite la mutua relación, espacio donde se viva la riqueza de la diversidad y brote la experiencia de la expansión, categoría eminentemente povedana; junto con la oportunidad de recibir clases de español por parte de un equipo de voluntarios/as.

Las clases se complementan con una serie de actividades de carácter formativo, cultural y lúdico.

Esta experiencia nos confirma en la certeza de que las diferencias son para nosotros una oportunidad de enriquecimiento mutuo, recorriendo juntos el camino del encuentro. Desde aquí afirmamos que convivir con personas de diferentes credos y culturas es una de las mejores pruebas de que el encuentro en la diversidad es una realidad que enriquece y abre.

¡Felicitaciones, en el Centenario de la Academia Teresiana de Jaén- posteriormente Colegio Pedro Poveda- a todas las personas que hemos conocido la idea buena de Poveda y nos hemos dejado contagiar por ella, transmitiéndola a los demás en el trabajo compartido con otras muchas personas que buscan igualmente dar una respuesta con la mirada y el corazón en el momento presente.


Pura Hidalgo


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Un 2º trimestre que comienza lleno de ilusión... y retos



martes, 7 de enero de 2014

Me sentí querida y valorada

Flor el día de su jubilación
Florentina Martínez

Queridos amigos y compañeros:

En este año, en el que celebramos el centenario de la fundación del Colegio “Pedro Poveda” como academia-internado de la Institución Teresiana, quiero hacerme presente con esta carta para celebrarlo juntos. 

Seamos felices, muy felices para celebrar este acontecimiento de nuestro querido colegio que tanto bien ha hecho a los alumnos y a las familias que han pasado por aquí.

Soy Flor Martínez Parra, llegué al Colegio “Pedro Poveda” en septiembre de 1985. La primera impresión, muy buena. Allí me encontré con mucha gente, “buena gente”. Eran pocas las personas a las que conocía entonces, pronto nos hicimos amigos. Yo diría que más que amigos, éramos una familia, una gran familia en número, pero aún más en calidad.

Me gustaría nombrar a todos los que entonces estaban, pero correría el riesgo de olvidar a alguien, y no quisiera. Algunos han muerto ya, otros aún continúan, otros se han jubilado o han cambiado de lugar. 

En 18 años de trabajo en el colegio, se fueron sucediendo las personas, fue un ir y venir de gente, unos quedaron como recuerdo en el corazón, otros fueron acogidos en este mismo corazón. Todos seguimos siendo miembros de esa estupenda familia, aunque de distinto modo.

¿Cómo me sentí en el Colegio? ¿Qué recuerdos guardo? Me sentí muy a gusto, me sentí querida y valorada por todos. Todos recibisteis mi cariño, no recuerdo haber tenido nada negativo con nadie, os sigo queriendo a todos y me da mucha alegría cuando me encuentro con vosotros.

Aunque no di clase a los alumnos, me querían; y yo, a ellos, y nos seguimos queriendo cuando nos encontramos por la calle ¡Con qué cariño nos saludamos! 

Por mi trabajo en la administración del Colegio tuve mucha relación con los padres, algo que valoro muy positivamente. Nos da alegría cuando nos encontramos.

A los que aún seguís en el Colegio, muchas gracias por vuestro cariño, por lo que me ayudasteis.´

Gracias de todo corazón a cada uno. 

Un abrazo, vuestra siempre Flor.

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sábado, 4 de enero de 2014

Povedalia, un espacio para la memoria y algún que otro recuerdo...


Povedalia

nace como un espacio para la memoria... donde volcar nuestras vivencias y algún que otro recuerdo.


Povedalia es un cuaderno para poder sentir y compartir con los otros...

Tu dibujo, tu poesía, una hoja al aire... y nuestro lugar de encuentro.
'... elevar cuanto tocáis...'
Vosotros sois sal de la tierra 

La conmemoración de un centenario está surgiendo en nuestro blog..., 


¿te apuntas?

jueves, 2 de enero de 2014

Cuando veo fotos del colegio...

Puri Castillo Castro (promoción 1984)

Cuando veo fotos del Colegio, la cancela, portería, el patio, sus palmeras, el tobogán… se cruzan muchos sentimientos, una gran nostalgia, alegría, tristeza y sobretodo me viene la cabeza una palabra GRACIAS.

Soy como soy gracias a mi familia, a todas vosotras, mis compañeras, mis profesoras y tutor, José Luis (era el único profesor que había en aquellos tiempos).

Mis recuerdos no los voy a compartir en este momento, no por nada, sino porque no recuerdo el momento de la foto que acompaña, sólo puedo decir que nos la hicieron en primero de EGB.

Las fotos eran de José Luis, mi querido profesor, y en nuestra despedida del Colegio, en octavo, nos las mostró.

Cuando llegué a casa le conté a mi madre que había visto unas fotos de cuando estábamos empezando el colegio y ella me dijo que le gustaría verlas. 

Yo, ni corta ni perezosa, se lo dije al día siguiente a José Luis y a los pocos días me entregó un sobre, pensé que sería una nota para tutoría o por mis notas, pero cuando se lo entregue a mi madre y lo abrió, eran dos fotos.

En el reverso pone Curso 1º EGB 84/85 y una nota en la que le dice a mi madre que las guarde en el álbum. 

Esta celebración del centenario creo que es un buen momento para compartir aquellas fotos con todos vosotros.

En nuestro caso, estamos de doble celebración: la del colegio y la de nuestra promoción que nos hemos vuelto a reencontrar después de 20 años, de forma virtual claro, tenemos un grupo en el que mis compañeras me han demostrado que siguen iguales, buenas personas, con principios, respetuosas, muchas son ya madres, algunas son madres desde hace mucho, cada una tiene su historia pero todas siguen iguales.


Sólo me queda dar las gracias ¡Gracias a todos!

oOo