martes, 28 de enero de 2014

Lo que se lleva en el corazón, nunca se olvida

Mª Aurora de Torres Segovia

Mi relación con el Colegio transcurre en dos etapas de mi vida muy diferentes: Mi infancia y adolescencia. Otra posterior en que fui profesora de Enseñanza Primaria desde el año 1972 hasta el 1996, en que me jubilé.

Las dos etapas han sido muy importantes. Reconozco que la primera, fue la más decisiva, por coincidir con los años en que despertamos a la vida y estamos muy receptivos a lo que recibimos, vamos formando la personalidad que seremos después. De ahí que recuerde con gratitud los nombres y apellidos de muchas de mis profesoras, mi relación con ellas, sus correcciones, su cariño, su ayuda…

Infancia feliz, en que me formé humana y religiosamente. Un recuerdo especial fue la visita de María Josefa Segovia el año 1948. Soy su sobrina, hija de su hermana pequeña. Recuerdo especialmente de aquella estancia, que en el mismo Colegio, nos regaló a cada miembro de mi familia un cascabel para que no perdiéramos nunca la alegría.

Como profesora, lo que recuerdo con más satisfacción es el cariño de los niños, el que dí y el que recibí. Posiblemente les enseñé todo lo que supe y pude. Ahora lo más gratificante es el reencuentro con mis antiguos/as alumnos/as, esporádicamente, por la calle. Lo más gratificante es que ellos se admiran de que no he olvidado sus nombres y apellidos, como si el tiempo no hubiera pasado, aunque al mirarnos, vemos sus huellas sin perder la sonrisa. Porque mi respuesta es siempre la misma: “Lo que se lleva en el corazón, nunca se olvida”.

oOo


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