martes, 28 de enero de 2014

Tres historias... y Pedro Poveda ahí de fondo

Encarnita, en el centro
acompañada de María Ángeles Malo a la izquierda y
María Aurora de Torres a la derecha
Encarnita Molina Medina

Mi estancia en el Colegio está ligada a tres situaciones, tres historias, tres tramos significativos en mi vida.
Primera etapa: Fui alumna interna del Colegio Pedro Poveda cuando era adolescente, en Colegio estudié 5º y 6º de bachillerato superior. Procedía del Grupo Escolar Pedro Poveda de Linares: Señalar, abreviando, que este Colegio de Jaén me aportó, entre otras cosas, y muy significativas, el amor a la Virgen, bajo la advocación tan querida y arraigada: La Niña María. Ciertamente no era una “devoción a bobas“, que diría Santa Teresa. Ante la imagen de la Virgen Niña desfilábamos con nuestros apurillos, alegrías y nuestros compromisos de grupo-clase, cuando había que modificar comportamientos.
2ª Etapa: Me sitúo en la fase del ejercicio profesional. Etapa de mi juventud y madurez. Primero asumí la dirección del Centro, por 6 años. Ya no recibía una pedagogía, un estilo, un talante, como cuando era una niña, sino que me tocaba generarlo con otros, con todos los profesores y el personal no docente: “la pedagogía del amor”, que diría Pedro Poveda. En la experiencia positiva, una mención especial para los padres de familia a los que tocó, vía Consejo Escolar y APA, sacar adelante, con la Institución Teresiana y todos los profesores este Colegio, a instancias oficiales. Año 1985, momento interesante y difícil, por el cambio legislativo. Acababa de aparecer la LODE: (Ley Orgánica de Educación) Muchos retos en reovación, en experiencias de innovación pedagógica, de introducción de la informática… sin todo lo cual no habría sido viable mantener el Concierto Pleno. La LOGSE (Ley Orgánica General del Sistema educativo), salió en 1990. De nuevo la puesta a punto, el trabajo en equipo… para mí corto, solo un año.
3ª momento: Y como la vida sigue, después de un paréntesis de 8 años, de nuevo al Colegio, ahora ya, como profesora de Secundaria, durante otros 8 años, hasta mi jubilación en el año 2006. Se me amontonan en la mente mis experiencias positivas. Me quedo con dos: Los alumnos/as, el mejor regalo, consciente de que los educadores acompañamos el crecimiento personal de los chicos. También mis compañeros de trabajo, todos, pero especialmente los de la Etapa de Secundaria: trabajo en equipo, ayuda, empeño en las experiencias educativas…Y Pedro Poveda, ahí de fondo: “Aquí todos pueden colaborar”…; “No hace falta ser rico para dar, basta ser bueno”…”Dadme una vocación y os devolveré una escuela, un método y una pedagogía”.


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