viernes, 21 de marzo de 2014

La siembra de Poveda, artículo de Francisco Juan Martínez Rojas para la revista Viva Jaén

El Colegio Pedro Poveda de Jaén está de celebración. Creado en 1913 por el fundador de la Institución Teresiana, el linarense San Pedro Poveda, está recordando festivamente su siglo de existencia con diversos actos, entre los que destaca la inauguración del panel, que tendrá lugar el próximo 29 de marzo, a las 7 de la tarde, en la Real Sociedad Económica de Amigos del País. No se trata de una efemérides cualquiera. La siembra que Poveda esparció en Guadix, Covadonga o Madrid, encontró tierra fértil precisamente en Jaén, donde la Institución Teresiana fue reconocida como Asociación de Fieles en 1917, y donde el pedagogo linarense reclutó a algunas de las más conocidas “teresianas” de aquella primera hora. A lo largo de este siglo de existencia, la sembradura pedagógica y evangelizadora de Pedro Poveda ha dado frutos maduros, muchos y buenos, que intenta recordar el centenario que se está celebrando con diversidad de actos. A Poveda le tocó vivir en un período histórico concreto, marcado por los intentos de renovación pedagógica y de apuesta firme por una escuela donde, en perfecta simbiosis se aunasen los valores cristianos con los mejores logros de la escuela moderna. En la base del proyecto pedagógico povedano, que en Jaén cumple cien años, se conjugaban la intención de presentar un cristianismo atrayente en diálogo con las ciencias y realidades humanas, junto con una labor de amplia promoción social por medio de la educación, labor especialmente dirigida a la mujer. En 1930, Poveda afirmaba: “En nuestro programa, después de la fe, mejor dicho, con la fe, ponemos la ciencia  […] El autor de la fe y de la ciencia es uno mismo, Dios, y el sujeto de la fe y de la ciencia la criatura humana”. En el fondo de esta intuición estaba un acontecimiento de la historia de la salvación en el que Poveda se inspiró para trabajar por un fecundo diálogo entre lo religioso y lo humano demostrando, contra amplios sectores de la intelectualidad de la época, que no eran realidades excluyentes, sino que en la encarnación de Jesucristo alcanzaban una fecunda y provechosa síntesis. Son bien conocidas las palabras de nuestro inminente santo: “La Encarnación bien entendida, la persona de Cristo, su naturaleza y su vida dan, para quien lo entiende, la norma segura para llegar a ser santo, con la santidad más verdadera, siendo al propio tiempo humano, con el humanismo verdad”. El ideal de Poveda era presentar a una sociedad fuertemente reticente frente a lo religioso, sobre todo en los círculos culturales, un humanismo cristiano atrayente y creíble, porque asumía y potenciaba los rasgos más humanizadores de la cultura. En 1932 escribió: “Hay que demostrar con los hechos que la ciencia hermana bien con la santidad de vida; hay que demostrar con los hechos que es falsa y sectaria la afirmación de quienes ponen en conflicto a la religión con la ciencia”. En el fondo de esa intuición povedana estaba la certeza de que la fuente última de la verdad es Dios. El rosario de colegios, internados y academias que Poveda empezó a desgranar en un amplio proceso fundacional desde su estancia en Covadonga pronto empezó a dar sus frutos. Y en Jaén se recuerda el centenario del inicio de esa siembra generosa, mientras se siguen recolectando los abundantes frutos de ese trabajo pedagógico y evangelizador, que forma ya parte irrenunciable de la historia más reciente de Jaén.
¡Enhorabuena!



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