lunes, 21 de abril de 2014

Recuerdo aquellos festivales de la Canción Mariana, el olor a jazmín y las clases de costura

María Maroto, tercera por la izquierda, la profesora
que acompaña al grupo es Encarnita Ruiz
María Maroto Muñoz

A LA DIRECCIÓN Y PROFESORADO DEL COLEGIO PEDRO POVEDA, DE LA INSTITUCIÓN TERESIANA.

Con motivo de celebrarse el pasado 30 de enero, el “Día Escolar de la NO violencia y la PAZ”, tuve la oportunidad de presentar el vídeo Los niños queremos la paz, una canción en lengua de signos, subtitulada e interpretada por la que suscribe, antigua alumna del Colegio Pedro Poveda de la Institución Teresiana. Parece ser que gustó mucho según manifestaciones de los que lo visionaron, así como por los que están conociéndolo a través de YouTube, donde fue colgado.

No es la primera vez que realizo una actividad similar en el Colegio Pedro Poveda, aunque en esta ocasión, no sé si por los años que voy cumpliendo, o por la influencia que tan significativa celebración ejercía sobre mí, acudieron a mi mente inmensas gratitudes y bonitos recuerdos a los que me quiero referir. 

Recordaba con cariño los Festivales de la Canción Mariana, el olor a jazmín, las clases de costura que tanto adoraba, recuerdos muy bellos.


Tengo que agradecer al profesorado su enseñanza y educación, dos términos que, como se sabe, parecen una misma cosa pero que no lo son. Tengo una discapacidad auditiva desde los tres años y gracias a las profesoras como Juana Maestre, Mª Carmen Muñoz, Mª Luisa Piñar, Amparo Senovilla y Mª Ángeles Malo, ellas me dieron la fuerza para superarme. 

Con respecto a mi buena instrucción me di cuenta de ello, al ingresar en el Instituto Santa Catalina de Alejandría, donde aprobé el primer curso casi sin esfuerzo, lo que demuestra la calidad de la enseñanza que me fue impartida en el Colegio Pedro Poveda. Ahora trabajo y cuando algo me cuesta me acuerdo siempre de ellas.

Por lo que se refiere a la educación, además de recibir la formación en ideas y creencias que debo a mis padres, también esos mismos conceptos más los de convivencia, compañerismo y respeto humano, los recibí en mi Colegio. Fruto de esa convivencia y compañerismo es el hecho de que todavía, pasados tantos años, muchas condiscípulas de entonces asistimos a bodas, bautizos y otros actos sociales, con la lógica nostalgia al comentar nuestras vivencias de otros tiempos, pero valorando siempre con alegría nuestra estancia en el Colegio, al que consideramos el MEJOR.

La satisfacción tanto de mi marido como mía, es la de haber tenido un hijo en ese Colegio, Daniel Nieto Maroto, que ahora estudia en Granada y actualmente una hija, María Nieto Maroto. Nos enorgullece tanto la preparación que tiene Daniel, como la que está recibiendo María. Gracias.
Por último y no por eso menos importante, quiero tener un recuerdo para nuestra Capilla, de la que, por desgracia, no disponen en otros colegios. Allí hemos rezado en favor de familiares y amigos, así como por interés propio en época de exámenes.
María Maroto Muñoz, enero 2014


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